miércoles, 24 de julio de 2013

He pensado mucho en esto y es algo que quiero escribir para tenerlo mas claro en mi mente.

Cómo puede ser tan grande la similitud de mi casa a mi vida. Quizá es obvio para muchas personas, porque en la casa reflejamos nuestra personalidad, nuestros gustos, y nuestros anhelos generalmente colgados de la pared. Pero cada área de mi casa refleja homogeneidad con mi vida completa, con mi mente. Veo una cocina donde no hay una filosofía para cocinar, puede ser que haya cosas que no deban estar ahí y que ahí siguen (ni intento moverlas), montón de cosas para condimentar, para cubrir de sabores otros sabores (prejuicios y justificaciones, todo con tal de hacer las cosas mas "comibles"), variedad de comida sin equilibrio, trastes sin propósito, algunos sucios, otros nunca usados. Por qué tengo todo esto si no lo quiero tener. No existe un orden, al igual que en mi alimentación. Queda claro para mí.

Miras la entrada de mi casa, y se ve bien, pero tengo una puerta metálica ideal para protección y que gente indebida no entre, que no uso (al igual que me protegen mis principios y valores para que cosas indebidas no entren y que no siempre uso), permito que cualquiera entre en mi casa, así como en mi mente. Esa protección que tengo no la uso. Entras y no hay desorden, es una casa casi vacía a primera vista. Un comedor (porque me gusta comer), no esta desordenado, y no se ve sucio. Pero te acercas y puedes verlo  lleno de polvo, porque no se usa, porque no estoy conforme con lo que tengo. Me ves a mi y no hay desorden, pero hay mucho vacío, porque en un principio pensé "mejor no tener cosas para no tener que ordenarlas siempre" hay una área para hacer todo (una mesa y sillas[raciocinio y juicio]) justo al entrar, por eso no necesito dejar pasar a nadie hasta el fondo de mi vida, perdón quise decir de mi casa. ¿Por qué hacerlo si todo lo puedo solucionar en el primer cuarto de mi casa? nadie ha llegado a mi habitación, nadie ha llegado a la intimidad de mi recinto personal de descanso y soledad. 

Paso a una sala vacía. La excusa de la complejidad de la crisis social me indica que no puedo equiparla por ahora, debo esperar una mejor oportunidad de adquirir bienes duraderos, que reconforten mi estancia en casa. Quizá este es el cuarto de las amistades, pareciera que la dejo vacía de muebles para que quepan mas, pero nadie se queda. No puedo mantenerlos aquí porque no tengo en la vida algo que ofrecer, una personalidad, no tengo qué compartir, un carácter...
Intentaré hacer esto muy extenso para que al leer esto puedan cansarse y no llegar a las cosas técnicas que tengo que poner aquí, esto es pensado no para todos sino para personas específicas, personas que le sean útiles estas cosas que pondré a continuación.

Dónde termina la realidad de tu vida y empieza una nueva oportunidad de vivir

Hace muchos años aprendí que el vivir fuera de casa no es sólo una aventura, sino un reto para el cual no todos están preparados. Sin embargo para mi fue una cuestión natural. Una cuestión natural que no tiene nada que ver con el amor que le tengo a mi familia. Es una cuestión que tiene que ver con mi experiencia previa fuera de casa, y a continuación me explico.

Desde los 11 años he tenido experiencias de pasar temporadas fuera del ojo protector de mi madre, fuera de la comodidad de mi cuarto, de mi cama. Fuera del acostumbrado cuidado que recibo en casa al comer, o al atender cualquier necesidad que se me presentara. Ya sea pasando temporadas con familiares en otra ciudad, pasando días de excursión y aprendiendo a convivir con la "ruda" naturaleza, o experiencias que implicaban días y noches de campamento.

Desde pequeño aprendí que vivo en un mundo lleno de opciones, y personas al rededor en quienes puedo apoyarme para satisfacer lo que necesito, pero además que estoy rodeado de personas a quienes puedo ayudar a alcanzar sus propósitos. Aprendí que la mejor manera de recibir algo de alguien es sembrando primero. Aprendí que puedo hacer las cosas yo y que no tengo que esperar a que alguien las haga por mi, porque muchas veces juzgamos a la gente "inútil" pensando en que son así por decisión, pero creo que mas bien nunca les enseñaron a tomar decisiones, nunca les enseñaron a trabajar solos, nunca les enseñaron a ser útiles. Éste es un tema que tomaré mas adelante.

¿Alguna vez has sentido la necesidad de salir de tu vida, de tener algo nuevo, de vivir diferente, pero sabes que donde estás no es posible hacerlo? No puedes renunciar a lo que haces, no puedes cortar el ritmo de tu vida. Mi...

Postal de la mente

Para muchos no es mas que un pasaje biblico, y cuando lo lees lo recitas en tu mente en una entonación plana y sin mucho sabor, para los que mas pueden atender a los signos de puntuación y darle intención a cada oración. Sin embargo para mi suena a una música, suena a un sueño, a mi infancia, a seguridad. todo está bien cuando se escucha esa canción. y transquibo.

Escucha Señor mi oración
Considera mis pensamientos
Atiende a la voz de mi clamor
Mi Rey y mi Dios
Porque a ti oraré
Oirás mi voz de mañana
Oh Dios de mañana
me presentare ante ti y esperare

Aún puedo escuchar en mi mente el piano, las cuerdas que acompañaban esta canción. veo al rededor los muebles de la sala de la casa de mi madre. Veo el naranja de unas sillas de forro de plástico, el café de unos vasos Toperware con el fondo rayado con cuchillos al intentar numerosas veces de revolver ingredientes de cocina ahí. Siento el añejo afelpado de la alfombra del comedor, sus franjas de colores concentricos naranjas y café, no esa era la sala, el comedor era una cenefa de flores en una alfombra óvalo, y aun veo la primera aspiradora que se compró en casa (recuerdo al hombre que llegó a nuestra casa a verderla, la probó en nuestra alfombra y sacó mucho polvo, siempre creímos que la aspiradora ya llevaba ese polvo desde antes de limpiarla). En la pared el retrato de mi hermano sobre esa silla, y recuerdo que las sillas ya no existían, era la sombra que dejó ese retrato en mi mente. Aún tengo 6 años. No hay preocupaciones, mas que decidir qué jugar ahora, podía mojarme en la lluvia, en un patio de 6x6 junto a un jardín de 4x2 donde años atras enterramos a Fóforo, el primogénito de mi gata Cachita. Ya tengo 10. Todo regresa tan claro como una postal enviada no se de donde de no se qué lugar. No es claro. Anhelo aquellos días. Aprendí a tejer y le hice bufandas a mis gatos. Donde mezclando todos los colores que encontré liquidos en la casa para tener un laboratorio, colores líquidos que podrían ser pinturas acrílicas, jarabes para la tos u otras enfermedades, líquidos de cocina, plantas machacadas y hasta el color que daba la tierra y el ladrillo al pulverizarlo y mezclarlo con agua. Mi compuesto químico mas complejo se lo inyecté a la palma que mi madre tenía en el jardín. Sobrevivió. Recuerdo cuando había una parte de la casa aún en construcción y yo jugaba en la estructura hueca de pilares y lo que había de techo simulando que era mi palacio, mi fuerte, mi mundo. Tengo 12
Crezco, crezco y hay amigos en mi vida, mis mejores amigos, hermanos para mi, mas que hermanos, pues los míos tenían sus propios asuntos y fantasías, ésta es mía. Satisfacción, siento satisfacción. Me veo nuevamente en la noche, en la azotea en un cuarto sin paredes a medio construir, todos acampábamos, y hablábamos de lo que era la vida, de lo que representan las estrellas, de cómo pasó la noche tan rápido y la luna huyó de nosotros. Una amiga nos sorprende con la noticia de que los gatos sufren cada vez que tienen coito. Todos tenemos tanta curiosidad que el conocimiento del mundo no basta para apagar nuestra hambre de preguntar. Y llegan los relatos sobrehumanos, de fuerzas mayores a nosotros y todos estamos nerviosos y a la expectativa de un desenlace que obviamente el protagonista salía con vida porque él nos contaba la historia.
No necesito nada mas. Tengo todo lo que puedo necesitar. Y me falta lo suficiente para esperar el día de mañana y ver si lo puedo obtener. Mis preocupaciones de usar lentes de aumento en las fiestas de la escuela porque me pueden tomar por un debilucho y querer buscarme pleito, porque esta fiesta es en la escuela mas peligrosa de la ciudad. Mi amigo me sugiere quitármelos, un falso valor me hace decir que no. No pasa nada. Me gusta la fiesta. El día termina no sin antes escuchar historias de otros pubertos que se pelearon porque no les gustó la manera en que se miraron. Algo común allá.
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lunes, 6 de mayo de 2013

Mi vida detrás de un cartel




No entiendo cómo es que alguien puede vivir detrás de un cartel, si la misma trama de la vida implica romper toda atadura y lanzarse mas allá de lo que puedes alcanzar. Creo que por eso mismo la vida nos frustra una y otra vez.
Cualquiera que pueda ver a mi cuarto lo que verá es un gran cartel de un buen lugar para comer, un lugar que simboliza aspiraciones, trabajo, orden, empeño y dedicación. Un cartel inmenso, de un tamaño casi tan grande como el mismo edificio que lo sostiene. Elegante, sobrio, pero denota líneas de alegría, de clase. Permite ver una tipografía que tiene peso, significado. Y sobre todas las cosas ese letrero permite dar una mirada a las aspiraciones futuras de los que lo hicieron.
Volteo a mi alrededor y todo es caos. Lo que en su momento debe cubrir nuestra vergüenza y darnos dignidad (según la sociedad) ahora es parte de un reprochable desorden. Polvo y desidia gobiernan este lugar. El exceso de pereza. La falta de auto respeto. Lo que en el mundo le da imagen y aceptación, ahora es parte de un motín contra él, es la huelga sana que pueden hacer objetos inertes para que prestes atención a un espacio de tu vida. Todo esto detrás de un cartel.
Hoy desperté con hambre de Dios, y no lo sabía. ¿Dónde está mi discernimiento cuando pienso así? El pecado se hace costumbre y comenzamos el día con pecado en la mente por costumbre. Esos son hábitos que nos formamos por la pereza de carácter y negligencia en nuestra vida diaria. ¿Dónde pierde el hombre su carácter y permite el paso de malos hábitos a su vida? ¿Por qué?
Tengo una confesión que hacer. Y no sé cómo hacerla, pero trataré de explicar los hechos, quizá ellos me enseñen lo que estoy haciendo. He vivido en pecado(¿Quién no?). Lujuria, soberbia, orgullo, pereza,

Que haces cuanto no tienes ganas de hacer algo. Como combate la depresión un deprimido. Como puede salir del pozo alguien que no mira hacia arriba. Por mas atención que ponga, por mas concentración no está mirando en la dirección correcta, sigue mirando el suelo!

un Dot.

Desde que abrí los ojos esta mañana supe que sería un mal día. ¿Por qué estoy predispuesto a arruinar lo que aun no tengo? Imagina que vas vestido con todo lo que te hace ver bien, buena camisa, buenos pantalones, zapatos, vas llegando a tu cita, y antes de llegar a la puerta de la oficina hay un espejo, te miras y todo lo que ves te decepciona, ¿qué haces?.
Miré y vi mi corazón y me dí cuenta que no había para mi un valor verdadero. Volví a mirar y me fijé que no había ningún soporte para mi autoestima. ¿cómo puedo darme valor si ni siquiera tengo espacio en mi corazón para mi mismo? Tienes una entrevista donde todo lo que te dan son flores, te seducen, les gusta lo que ven, y aun así te golpeas a ti mismo con una mala actitud en tu corazón,