miércoles, 24 de julio de 2013

Postal de la mente

Para muchos no es mas que un pasaje biblico, y cuando lo lees lo recitas en tu mente en una entonación plana y sin mucho sabor, para los que mas pueden atender a los signos de puntuación y darle intención a cada oración. Sin embargo para mi suena a una música, suena a un sueño, a mi infancia, a seguridad. todo está bien cuando se escucha esa canción. y transquibo.

Escucha Señor mi oración
Considera mis pensamientos
Atiende a la voz de mi clamor
Mi Rey y mi Dios
Porque a ti oraré
Oirás mi voz de mañana
Oh Dios de mañana
me presentare ante ti y esperare

Aún puedo escuchar en mi mente el piano, las cuerdas que acompañaban esta canción. veo al rededor los muebles de la sala de la casa de mi madre. Veo el naranja de unas sillas de forro de plástico, el café de unos vasos Toperware con el fondo rayado con cuchillos al intentar numerosas veces de revolver ingredientes de cocina ahí. Siento el añejo afelpado de la alfombra del comedor, sus franjas de colores concentricos naranjas y café, no esa era la sala, el comedor era una cenefa de flores en una alfombra óvalo, y aun veo la primera aspiradora que se compró en casa (recuerdo al hombre que llegó a nuestra casa a verderla, la probó en nuestra alfombra y sacó mucho polvo, siempre creímos que la aspiradora ya llevaba ese polvo desde antes de limpiarla). En la pared el retrato de mi hermano sobre esa silla, y recuerdo que las sillas ya no existían, era la sombra que dejó ese retrato en mi mente. Aún tengo 6 años. No hay preocupaciones, mas que decidir qué jugar ahora, podía mojarme en la lluvia, en un patio de 6x6 junto a un jardín de 4x2 donde años atras enterramos a Fóforo, el primogénito de mi gata Cachita. Ya tengo 10. Todo regresa tan claro como una postal enviada no se de donde de no se qué lugar. No es claro. Anhelo aquellos días. Aprendí a tejer y le hice bufandas a mis gatos. Donde mezclando todos los colores que encontré liquidos en la casa para tener un laboratorio, colores líquidos que podrían ser pinturas acrílicas, jarabes para la tos u otras enfermedades, líquidos de cocina, plantas machacadas y hasta el color que daba la tierra y el ladrillo al pulverizarlo y mezclarlo con agua. Mi compuesto químico mas complejo se lo inyecté a la palma que mi madre tenía en el jardín. Sobrevivió. Recuerdo cuando había una parte de la casa aún en construcción y yo jugaba en la estructura hueca de pilares y lo que había de techo simulando que era mi palacio, mi fuerte, mi mundo. Tengo 12
Crezco, crezco y hay amigos en mi vida, mis mejores amigos, hermanos para mi, mas que hermanos, pues los míos tenían sus propios asuntos y fantasías, ésta es mía. Satisfacción, siento satisfacción. Me veo nuevamente en la noche, en la azotea en un cuarto sin paredes a medio construir, todos acampábamos, y hablábamos de lo que era la vida, de lo que representan las estrellas, de cómo pasó la noche tan rápido y la luna huyó de nosotros. Una amiga nos sorprende con la noticia de que los gatos sufren cada vez que tienen coito. Todos tenemos tanta curiosidad que el conocimiento del mundo no basta para apagar nuestra hambre de preguntar. Y llegan los relatos sobrehumanos, de fuerzas mayores a nosotros y todos estamos nerviosos y a la expectativa de un desenlace que obviamente el protagonista salía con vida porque él nos contaba la historia.
No necesito nada mas. Tengo todo lo que puedo necesitar. Y me falta lo suficiente para esperar el día de mañana y ver si lo puedo obtener. Mis preocupaciones de usar lentes de aumento en las fiestas de la escuela porque me pueden tomar por un debilucho y querer buscarme pleito, porque esta fiesta es en la escuela mas peligrosa de la ciudad. Mi amigo me sugiere quitármelos, un falso valor me hace decir que no. No pasa nada. Me gusta la fiesta. El día termina no sin antes escuchar historias de otros pubertos que se pelearon porque no les gustó la manera en que se miraron. Algo común allá.
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